Una nueva cara para el blog



Parece mentira que bloguee desde los 17 años de edad. Parece mentira que, además, hoy tenga 32. Pero lo que no parece ficción es cómo las palabras me han acompañado a lo largo de mi vida para convertirse en musas.

Ellas, al igual que este rinconcito digital, merecían un cambio. Era una deuda contraída desde la niñez.

Así que, heme aquí, retomando el viejo oficio de soñar entre espacios, puntos, comas, finales y comienzos. Sí, también comienzos.

¡Bienvenidos, una vez más!