Cómo Black Mirror me ha ayudado a comprender mi labor en Social Media

Así como amo los libros y el marketing, también amo las series. Sin embargo, he llegado un poco tarde al furor de Netflix y sus aclamados programas en streaming. Quizás por mi necesidad de desconexión en la esfera personal (en mi trabajo debo vivir conectada 24/7 y créanme, puede ser muy agotador) o tal vez, por darle prioridad a lo urgente y no a lo importante. Pero aquí estoy, contagiada de Black Mirror de pies a cabeza gracias a las recomendaciones de mi amigos, y sin poder dejar de asociar en cada historia, cómo la sátira creada por Charlie Brooker sobre la tecnología -y el lado oscuro del ser humano- puede influir de forma directa en mi labor digital.

Ya lo he dicho antes: Social Media no es sinónimo de apps, herramientas online o número de seguidores. Social Media es directamente proporcional a las emociones intrínsecas en el ser humano (buenas o malas, al fin y al cabo) y Black Mirror me ha permitido comprender (muy a lo brittish), algunas aseveraciones aplicables al mercadeo. Entre ellas:

1. La usabilidad de la tecnología está determinada por tus altos o bajos patrones de autoestima. En coloquio: si eres un acomplejado, buscarás aceptación mediante likes y comentarios, no engagement real. Por cierto, las marcas también pueden sufrir de este tipo de complejos cuando afirman querer 10000000 seguidores y no promover sus ventas con estrategias de fidelización.

2. Los problemas existenciales que han aquejado a la humanidad desde el inicio de nuestros tiempos -tal como se lo leí a Vladimir Delgado- encuentran en la tecnología un depósito de quejas. Y lo cito: "La tecnología no cambia nuestro paradigma, son solo artefactos, herramientas y espacios donde volcamos nuestra representación del mundo."

3. Tal como afirmó Brooker: "Si la tecnología es una droga y se siente como tal, ¿cuáles son los efectos secundarios?" A lo que me permito agregar: ¿cuál es nuestra responsabilidad como estrategas digitales? ¿Crear borregos o usuarios inteligentes? El primero compra una vez. En cambio, al segundo grupo, debemos enamorarlo para que se quede a nuestro lado. Pero no bajo el concepto del amor casanova, sino del agápē. Así, sin más.


Ya basta de ver a los posibles clientes como seres inferiores (eso es muy noventoso) y a los publicistas/comunicadores como dioses. Somos curiosos, activos, early adopters, pero jamás tendremos la verdad absoluta.

Por eso, gracias por la genialidad de Black Mirror, Charlie. Cinco estrellas para ti. Y para mis amigos y sus recomendaciones culturales, también.