Aprender a confiar

Fotografía: Li Hui

Les voy a contar algo: siempre me creí seguidora, nunca líder. Era tímida (timidísima) y solía identificarme con la tortuguita del cuento infantil 'La tortuga y la liebre'. Lenta, analítica, silenciosa. Hasta que la vida puso en mi camino a personajes como Inti Acevedo, Karelia Espinoza, Nelson Zambrano, Leonardo Camacho, Anairene Asuaje, Sigrit Pérez, Dennis Velis y un sinfín de nombres (o arrobas) auténticos y aleccionadores. Y contrario al cliché de "todos me decían que no lo podía lograr", la gente me animaba, enumeraba mis potencialidades y confiaba a tal punto de otorgar proyectos inimaginables. Pero yo... no creía NI UN POQUITO en mí.

Hasta que tuve que quedar al mando de mi propia agencia para cometer los peores errores de novata en el área gerencial, conocer a profundidad términos de recursos humanos que poco me permitieron prever situaciones, llorar (y vaya que lloré) por la egolatría de creer que me las sabía todas en digital y descubrir que todo es más simple de lo que parece: la única constante es el cambio

Hoy puedo poner un check  en la consolidación de clientes que trascienden fronteras, y otros, que mueven el sentimiento tricolor hasta el punto de sentir ‪#‎OrgulloVenezolano. Hoy puedo decir que recibí una capacitación de Yimmi Castillo y el Dpto. de Comunicaciones Digitales de Empresas Polar para gestionar una de sus cuentas. Y sólo puedo preguntarme -temiendo ser cursi hasta la médula- cómo no creí antes en lo que todos me decían.

Hay quienes enumeran los aspectos más desgarradores de sus clientes y 'mentores'. Yo prefiero enumerar las bondades y el aprendizaje bajo presión, la tristeza de la inexperiencia, las equivocaciones al aire en La Mega 103 y los regaños de Nelson, la soberbia infantil, los posts mal escritos en Barquisimeto.com y todo ese cúmulo de experiencias que me han permitido dejar a un lado la SEVERA autocrítica que llevo en la sangre y permitirme disfrutar el proceso.

Es hora de brindar con café por los errores. Sin ellos no sería nadie. ¡Salud pues, por lo que viene!