Si Cortázar o Borges hubiesen tenido redes


He terminado de leer 'El Libro De Esther' de Juan Carlos Méndez Guédez, y con el guayabo que caracteriza a los finales abiertos, preparo el teclado y lanzo un tuit fulminante, incluso malcriado: "Mira @mendezguedez, tanto esperar a Esther, ¿ah? Maluco." Al darme cuenta de semejante disparate, sonrío un poco y me detengo a pensar sobre Borges y Cortázar. "Serían los reyes de los 140 caracteres", exclamo en voz alta. Y es que seguramente Oliveira hubiese enamorado a 'La Maga' a punta de tuits, mientras que ella, delicada y serena, exhibiría sus mejores imágenes en Instagram en forma de respuesta.

Los procesos de comunicación han cambiado y nadie puede refutarlo. Bien lo decía Andres Cordoves hoy: "La obsolescencia programada aplica a las relaciones del nuevo siglo." Y así estamos, incluso para promocionar lo inimaginable. Un fanzine de esos noventeros, un disco nuevo grabado con las uñas, una venta de ropa usada, una pintura, una canción.

Para los artistas, el proceso de difusión es aún más sencillo (pero no por ello menos demandante). Las herramientas están al alcance de un click y sólo requieren un poco de curiosidad y sentido común. Sin embargo, el boca a boca y la cantidad de libros/obras/entradas vendidas determinará el más valioso indicador de gestión: "confirman cien personas en Facebook y van diez" señalan mis amigos, los músicos, por lo que conviene preguntarse:

- ¿Qué estoy proyectando?
- ¿Qué quiero lograr a corto y mediano plazo?
- ¿Cuáles son los canales de difusión que olvido gracias al frenetismo digital?
- ¿Comunico la información de forma sencilla o enredo al usuario con copys que sólo yo entenderé?

Ya ven, sólo a Julio se le daba Rayuela.