Las mujeres podemos ser malas cuando nos enamoramos

Fotografía: Nathalia Paolini
Las mujeres podemos ser malas cuando nos enamoramos. Lo descubrí gracias a Aurora Bernárdez (la primera esposa de Cortázar) a quien admiraba profundamente por el hecho de haber cuidado a Julio hasta el último de sus días. Sin embargo, hojeando 'Cortazar de la A la Z' -donde emerge como editora- y realizando una exhaustiva búsqueda en Internet, noté que obvió con alevosía a Edith Aron, "La Maga", la queridísima Maga de Rayuela y apenas -apenísimas- nombró a Ugné, la pareja que siguió tras su separación con el escritor y que sirvió de transición entre ella y Carol: otra de las relaciones más emblemáticas de Julio y quien sería su segunda y última esposa.

Pero lo de Edith no se lo perdono. No te lo perdono, Aurora. Y no te lo perdono porque sabías que él la amaba más que a ti. Bien lo señaló Aron en una entrevista: "Él me dijo una vez en París que si yo hubiera aceptado vivir con él cuando encontró el departamento no hubiera recibido a Aurora, porque ella estaba enamorada de un poeta argentino que se llamaba Alberto Girri, pero parece que no fue correspondida y se vino a París y aceptó a Cortázar."

Y por ese maquiavélico silencio literario con el que sentenciaste a La Maga, releeré Rayuela para recordarla como la anhelamos los Cortazarios: atolondrada y feliz.