Carta a los amores distantes


Imagen: Nikoloz Jorjikashvili
Mi muy dulce amor:

Hoy me he sentado a pensarte durante mi acostumbrado ritual vespertino: un poco de trabajo pendiente, otro tanto de TV y dos cucharadas de nostalgia. He recordado nuestras frases como quien se pasea con prontitud hacia la brisa, sintiendo tu tristeza como mía, tus sonidos como míos y tu algarabía distante.

Bien lo dijo Miguel Sánchez Gatell: "A veces extenderse es tan sólo tocar un mundo que no arde, o un conjunto de dioses que interpretan su música de vidrio sonando eternamente a girasol y a piedra". Y aquí, desnuda y silente, me extiendo hacia tus miedos con un suspiro invisible que -anhelo- llegue a donde estés.

Estoy convencida de que tu olor era mi olor antes de conocerte. Fue siempre de mis poros. Quizás por eso reconozco tus afanes a kilómetros de distancia, a kilómetros de teclados, a kilómetros de cafés. "Un vendaval perceptivo" como sueles llamarme a ratos. "Un roce fugaz", como prefiero sentenciar yo.

Te abrazo desde las líneas de mi pequeña habitación y, por un instante, estás a mi lado como quisiera.

Contigo soy un libro abierto a la mitad.

Tuya siempre,
B.

P.d) Te amo, pero eso ya lo sabías.