Eres más fiel que un perro



Estamos en diciembre.

Este año ha sido tan aleccionador como frenético. Y por supuesto, he prolongado la tradición de escribir en mi blog como uno de los métodos de desahogo más íntimos y personales que tengo (durante más de una década, o un poquito menos).

Siento que sólo los que blogueamos podemos comprender la empatía que se genera a través de los rinconcitos digitales. En los momentos de alegría o desasosiego, emerge frente al teclado una especie de religiosidad -con credo y padre nuestro incluido- que nos impulsa a otorgarle sonoridad a las letras. Del borrador al post, y viceversa.

Así que este mes he prometido descansar y quererte un poco más, mi blogcito añorado. Gracias por ser testigo de mis errores y aciertos en un 2015 cargado de responsabilidades, despedidas y muchos, muchos encuentros.

No puedo negarlo: eres más fiel que un perro.