Contemplar marcas personales


Quienes me han visto en persona alguna vez, habrán notado las zapatillas bajitas, los jeans y la camisa holgada como sello distintivo de la comodidad; observando -además- lo que sucede a mi alrededor de forma silente. Muchos tuits y selfies para Instagram. Algún snapchat. Escaso maquillaje. Así me "encuentran" quienes se topan con una imagen virtual o real: aquí, allá.

Y es que, justamente de eso va la marca personal según mi punto de vista. De realidad. De coherencia. Decir vs hacer (y viceversa). No sólo es un asunto de estética o de posts elaborados (que además leo con escepticismo cuando se convierten en un irremediable episodio de plagio de Vilma Nuñez, Sascha Fitness o Vero Ruiz del Viso), es un tema recurrente de risas, lágrimas, aciertos y errores. De lo que somos en el día a día sin etiquetas o sin cargos altísimos en Linkedin (con las siglas CEO, para que suene mejor). Del café de la merienda, de los clientes y su afán por 'engordar' cuentas sin conversión, de la pasión, de la familia, de los retos, de los amigos.

¿Branding, marketing, 'social media'? Por supuesto. Vivo de eso. Pero también de  estrategias con resultados paulatinos. De días buenos y malos. De paciencia. De afán.

Contemplar. Ser. De eso se trata.