Conectar, al fin y al cabo.



He pasado varias semanas intentando sacar un poquito de tiempo para hacerle cariñitos a mi blog. Quizás, añorando el oficio recurrente de los verbos en medio de citas puntuales, agendas saturadas y cambios radicales.

No puedo ocultar que el balance de mi ausencia ha sido positivo: una nueva cohorte en Social Trending Venezuela, el crecimiento de Barquisimeto Móvil y las innumerables pruebas de la vida con saldo a favor. Sin embargo -y pese a la lista descrita con medallas honoríficas- hay algo que anhelé con todas mis fuerzas: escribir, escribir y escribir.

El tecleo activo es de mis terapias personales favoritas. Plasmar emociones y arrancarlas de raíz -como quien rompe una hoja en mil pedazos- me llena de paz. Escuchar el tácata tácata de las sílabas es uno de mis soundtracks predilectos. Y, justo por eso, he vuelto a este lugar: para reencontrarme en cada letra, como quien se mira al espejo y nota algo distinto, como quien se busca a sí mismo en otro autor.

Engranar.

Acoplar.

Conectar, al fin y al cabo.