Autómata.


Hoy es uno de esos domingos donde la luz se cuela por la rendija. Mi pijama delata la cómoda relación que mantuve desde ayer con mis sábanas y los asuntos pendientes hacen eco en el hito de responsabilidades que debo asumir como mujer emprendedora - mujer ejecutiva - docente - to-do-te-rre-no.

¿En qué momento me convertí en una reiterada protagonista de cambios y rutinas necesarias? ¿Cuándo tuve que despertar un fin de semana a las 8 am para corregir una pila de hojas cargadas de conocimiento? ¿Cómo llegué a observar a profundidad los emails enviados -sin plantilla- a cada uno de mis clientes?

Acaso, ¿soy una autómata de profesión?

Cuando puedo cuestionarme sin tanto ruido de fondo regreso a los lugares cálidos que me entienden, que me abrigan, que se sienten míos, que se sienten nuestros, y recuerdo que soy mucho más que una derivación griega que apenas sé escribir (αὐτόματος).

Soy. Y eso ya suficiente.