La grandeza de lo simple.


Debo confesarlo: soy una persona repleta de manías. Y ellas, tan intrusivas como siempre, permean el espacio digital donde me desenvuelvo.

Mi blog no es la excepción.

Desde que me mudé -por enésima vez- a Wordpress he intentado familiarizarme con alguna plantilla que se adaptara a los cambios personales y profesionales que me han acompañado desde principios de año. Opté por un diseño que destacase los proyectos gerenciales que dirijo 24/7. El theme elegido fue Illustratr. Sin embargo, no cubría mis expectativas. La tipografía me parecía muy burda y CADIVI no me dejaba adquirir vía Paypal la opción personalizada (30$).

Pero eso no era lo peor.

Al revisar las estadísticas de Wordpress y Google Analytics me percaté del escaso tiempo que los visitantes de mi web le obsequiaban a la página de inicio. La mayoría iba directo al blog, es decir, directo al contenido.

Esta situación me hizo reflexionar sobre la grandeza de lo simple. A veces queremos vestirnos de gala para una ocasión especial. Invertimos tiempo, dinero y esfuerzo en seleccionar el mejor atuendo, los accesorios más elegantes y el labial de ensueño que combine con nuestra personalidad. Pero olvidamos lo más importante: la fiesta, la gente, las ganas de compartir. Así pasa en redes sociales. Así pasó con mi blog. Me concentré tanto en decirle a otros lo que hacía, que se me olvidó mostrarlo con hechos. Elegí los zarcillos, el perfume, el vestido, los tacones, la cartera, el rímel y el labial cereza, pero no socialicé ni bailé. Tampoco reí y mucho menos conocí gente nueva.

Y es, justamente de eso, que respiran las pequeñas cosas.

Los espacios, los momentos.

El blogging.

La vida.

Somos un constante ensayo y error.
Las buenas noticias, en la mayoría de los casos, se dan en voz baja.

- Haruki Murakami