Algo parecido al alivio.

Se siente algo parecido al alivio cuando uno vuelve a ser una persona, otro más, uno que pasa la tarde hablando de su vida con otro ser humano, así no sea tu mejor amigo, compartir el espacio y el tiempo con otro ser. No es que con cada conversación uno cuente todos los detalles de su existencia, pero es distinto cuando se despierta al hecho de que estás hablando con una persona, no con un uniforme o un peinado. Tal vez para eso escribimos, o para eso mandamos señales al espacio, o para eso el arte, o para eso hacemos una llamada; para hacer contacto, contacto con seres inteligentes y sensibles que nos reconozcan en toda nuestra dimensión. Tal vez buscamos en el otro, en ese contacto, la confirmación de nuestra existencia. Tal vez vemos demasiada televisión o pasamos demasiado tiempo en internet engañando la soledad mientras nos engañamos a nosotros mismos con un título, con una etiqueta o un montón de protocolos sin contenido.

- Harry Marín

Se siente algo parecido al alivio cuando uno vuelve a escribir sobre lo que realmente le apasiona.

Cuando ríe.

Cuando llora.

Cuando baila a escondidas.

Cuando baila en público.

Cuando recuerda que la poesía es un método de supervivencia voraz.

Cuando deja de hacerse el-sú-per-hu-ma- no y siente. Sólo siente.

Cuando camina tranquilo, sin máscaras ni poses.

Cuando lee.

Cuando lee a alguien en la distancia y sonríe.

Cuando grita.

Cuando salta.

Cuando tiene sexo (no siempre en el mismo orden).

Cuando toma café.

Ese es, sin lugar a dudas, el alivio más poderoso. Y proviene de lo básico, de lo simple, de lo real.
 Tal vez habría que hacer, como dijo otro de mis grandes amigos, un pacto honesto con la soledad, y desde ahí acercarnos sin tanta máscara, sin tanto maquillaje ni pretensiones. Tal vez.