Del verbo florecer.

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Renovarse a sí mismo es florecer.

Hay una parte de nosotros que muere -lentamente- todos los días. Solemos hacerla a un lado junto con la primera canita de los veinte y tantos. La ocultamos, la ignoramos y hasta la disfrazamos de novedad con un tinte sin amoniaco. Pero siempre sigue ahí: airosa, brillante, latente.

Mientras eso sucede -y nosotros nos empeñamos en negarlo- hay otras cosas que nacen, se alimentan de nuestras relaciones circundantes y, finalmente, florecen.

Hoy he querido presentar una nueva cara que me permita mostrar los proyectos que dirijo a nivel gerencial, sin dejar a un lado la pasión por la escritura (que tantas satisfacciones me ha dado durante más de diez años).

Bienvenidos a mi nueva página web, un compendio de lo que soy en el día a día: mi trabajo, mi familia, mis amores, mis nostalgias y -por supuesto- alegrías.

Pasen adelante. Yo brindo el café.

Ilustración: @Caffetina.