Avivar la palabra.

que si no llego a ser nadie
habré perdido mi vida.
- Rafael Cadenas


Hay temores que coleccionan un NO rotundo, austero y severo en el inventario de recuerdos. "No hay tiempo para llorar", "no lo quiero dejar ir", "no puedo", "no lo necesito" y así, lentamente, vamos cediendo terreno a la espiral de la negación: una fémina adictiva de tacones altos y labios carmesí.

Últimamente le había dicho no a mis poemas, que si bien pueden representar una pérdida de tiempo en el -siempre limitado- espacio de trabajo, me llenaban de calma frente a la histeria colectiva que se vive en mi país.

No me permitía ser quien soy, quien quiero ser: una poetisa de la era digital que aún lee a gusto en hojas palpables, tangibles. Una mujer presente en el presente, que se nutre con la autenticidad de las frases más simples y que jamás se escuda en ese no cargado de sonoridad temerosa, en esas ausencias ficticias que inventamos para no enfrentar lo que se avecina, en esa negativa auto impuesta que nos impide escribir.

Supongo que todos hemos pasado alguna vez por los silencios elegidos, propios, inherentes al miedo, al sí me importa que me lean (y que me leas) y quedamos paralizados frente al teclado; atentos a cualquier ruido que pueda despertarnos, a cualquier musa que logre avivar la palabra y nos convierta -una vez más- en esclavos de la escritura.

Avivar la palabra. Nada más simple y excitante que eso.

He vuelto.

Gracias por esperar.