Venezuela herida de bala.

Fotografía: Fernando Méndez Cobelo
Para nadie es un secreto que en mi país, Venezuela, ocurre unas de las coyunturas sociales más grandes de todos los tiempos. El tema político, social y económico, asfixia de manera vertiginosa a una población de naturaleza sonriente.

Salir a la calle en Venezuela es jugar a la ruleta rusa. La inseguridad desbordada nos convierte en los peones de un anárquico juego de ajedrez. El rostro tricolor se tiñe a diario de rojo dolor, y hoy, no podemos hacer nada más que llorar por las vidas de quienes han caído en manos del hampa, el odio y el resentimiento social.

Una gran amiga periodista me hizo llegar esta carta enviada por María de Briceño, madre del estudiante Juan Carlos Briceño, herido el 12 de febrero de 2014 en una marcha de Barquisimeto en contra del actual Gobierno venezolano. No tengo palabras para describir lo que sentí al terminar de leerla. Espero que, si usted encuentra alguna, la comparta conmigo.

"Gracias Señor Pistolero


A pesar de haber recibido en estos días una de las noticias más terribles que le pueden dar a una madre, a pesar de haber vivido unas horas de inmenso dolor al enterarme que mi hijo había recibido, cobardemente, una herida de bala por la espalda en la marcha que se realizaba en Barquisimeto el día 12 de febrero -irónicamente, día de la juventud- quiero darle las gracias.

Primero por no haberle quitado la vida, pero después quiero decirle que desde el mismo momento en que se dieron esos hechos, entre una mezcla de sentimientos de dolor, rabia e impotencia, fui afortunada, ya que las manifestaciones de amor, afecto y apoyo de familiares, amigos y tantos desconocidos solidarios con nuestra situación se produjeron por miles.

Estas circunstancias me han hecho reflexionar sobre que, a pesar de esa sombra oscura que hoy cubre nuestro país, hay una esperanza, porque eso somos también los venezolanos, solidarios, incondicionales, perseverantes y todos esos valores altruistas que vamos a necesitar para cuando esta situación y todos intereses que usted representa no sean más que un mal recuerdo.

No sé cuales serían sus instrucciones, no sé si fue mandado, pero si tiene hijos, espero que nunca un hijo suyo, cuando discierna de algo o levante su voz para decir que piensa diferente, le toque encontrarse con uno de sus colegas. Es mucho dolor y no se lo deseo a ningún padre.

El día de hoy existe mucha incertidumbre sobre la recuperación de mi hijo y sus secuelas. Sin embargo, en nuestro corazón de padres no le guardamos ningún rencor y estamos seguros que nuestro hijo tampoco: él es un ser limpio, transparente, bueno, pero comprometido con sus convicciones y con su país.

Que Dios lo bendiga a usted y su familia".