Musa.



Musa:
hoy te has maquillado con el negro tristeza de la retórica.

Tus pies vuelan
sobre sábanas silentes en las que te escondes cada mañana.

Ya no hablas.
Tampoco sientes.

No ejerces tu oficio con disciplina
ni sobresalto.

Te has convertido en un artilugio a punto de jubilarse.

Y él
tan dependiente de tus letras,
no quiere alejarse de ti
-ni de tu vuelo,
ni de tu oficio,
ni de tus versos-.