A veces conviene soñar.


Hay libros que se parecen a nos: a lo que somos. A lo que anhelamos.

Cambian nuestro fenotipo, nuestro color de piel a blanco papel y, por instantes, nos convierten en viajeros del tiempo buscando un amor perdido.

Bien lo dijo Dostoyevski: "A veces conviene soñar".