Una suerte de ¿cómo estás?

¿Quién va a perder la compostura 
primero y va a llamar
sólo para saludar
y con suerte un 'estoy afuera, sal'?
- Americania

No pude evitar sentir un fuerte pálpito al escuchar su voz.

Lo llamé -contra todo pronóstico- en una suerte de ¿cómo estás? 

Terminé colgando rápidamente el teléfono en un acto sensato de reconocimiento, de consideraciones al final del abismo insaciable en el que andamos desde hace ya varios años.

Me hubiese gustado charlar con él. Quizás, agendar un café. Contarle sobre los libros que estoy leyendo y la última receta que preparé (es el único que conoce mi mayor secreto: me encanta cocinar tortas y quesillos caserísimos, acción que he negado públicamente hasta hoy) mientras sus ojos cansados hubiesen seguido la conversación de forma atenta.

Pero la llamada duró apenas treinta segundos. Y la ilusión, también.

0:30 resumido en un vaivén de añoranzas.

Sólo eso.