Frases sueltas.


Hay libros que coexisten con los lectores en tránsito. Son, de esos grandes textos, que invitan a su cómplice a quedarse en casa y oler lo familiar (en el sentido más literal de la palabra).

Los hay buenos y malos:
brillantes,
hilarantes,
decepcionantes.

Otros
se convierten, a duras penas, en un viaje agridulce dentro de cuatro paredes.

Esos
-justamente-
son los que prefiero.