ABCdario.


Escribo porque mis manos tienen la avidez de un verso,
la textura de tu piel,
el sabor de mis nostalgias.

Mis dedos
(y su manicure de besos cereza)
forman un abecedario
en el que tú y yo
somos palabras.

Todas las palabras.
Una sola palabra.

Y al fin
 podemos estar juntos,
conjugándonos
dentro de un triste poema.

Como un verbo desalmado
a punto de disparar.