Frases sueltas.


Nunca había sentido tanta paz como hoy.

Me desperté, preparé café (hecho con cariño, como posteo usualmente en Twitter), conversé con mi madre, salí a la calle. Todo parecía transcurrir en cámara lenta.

Llegué al trabajo que me gusta, que me enriquece, que me ha hecho crecer personal y profesionalmente en estos últimos meses. Me llamó una amiga a la que tenía tiempo sin ver. Almorzamos juntas. Hablamos, reímos, como en los viejos tiempos. Retomé las actividades pendientes y, aquí estoy, esperando que vengan por mí para desconectarme de lo ficticio y rozar lo cotidiano entre filmes de jevas enamoradas de algún galán hollywoodense.

Quietud, le llaman algunos. Permitirse ser feliz, le digo yo.