Woody y sus lentes intensos.



Desfilar a sus anchas
con los puntos y las íes en estado de redención,
desmitificando al de la esquina con sus lentes de pasta
y a la chica que fuma con las piernas abiertas y el libro al revés.
Y es que leer no se trata de poses intelectuales al final de la tarde,
tan solo basta SER: más humanos, más imperfectos, más ávidos de información.
Un libro en mano no te convierte en una persona interesante. La conversación al finalizar el texto, sí.
Ya ves, a Woody le funcionan sus lentes intensos. A ti no.