Recuerdo vivo.



Escribimos para proteger nuestros recuerdos del tiempo,
como esas fotos polaroid de tono amarillento que aún guardamos en un viejo álbum.
Escribimos para olvidar
y,
contradictorio a nuestros anhelos,
nos convertimos en esclavos de reminiscencias.
Por eso, hoy no escribo para apartarte de mí.
Sólo quiero decir “lo siento; te extraño; que estés bien”
como uno de esos telegramas imborrables entre ambos.
Eres mi recuerdo vivo.
Te quiero.
                                         Bel.