Pequeños placeres: la natilla de la abuela.



Una vez leí que el origen de este plato data de los conventos, por la rapidez de su preparación y el alto valor nutritivo de sus ingredientes.
No sé si las monjas tuvieron algo que ver. Lo único que puedo afirmar es que la mejor natilla del mundo la hace mi abuela -remembranza mágica de mis fines de semana en casa-.