Cuento corto para leer después del desayuno.



Sucedió con total normalidad, de acuerdo al protocolo y las buenas costumbres. 
Mi razón se levantó de la mesa -justo después de agradecer el desayuno- y sin titubeo alguno, dijo en voz alta y firme: dejen en paz a sus latidos, que un amor lo tiene cualquiera en primavera.