Agridulce.

Selfie.
Las -pocas- personas que me conocen saben que soy agridulce, auto crítica e implacable con la falta de criterio y buen gusto (nótese que el buen gusto jamás lo asocio a marcas o estilo de vida ostentoso. Va más allá. Se trata de tener una estética visual para todos los aspectos de la vida). Sin embargo, doy la apariencia de ser una sweet girl.

Como mencioné en mi post anterior, soy romántica, pero también arrebatadísima. Me gustan los colores pasteles, pero detesto "empastelarme" la vida con hombres insistentes.

Pudiese afirmar que soy una especie bien rara cuando de relaciones se trata. Y, por supuesto, atraigo personajes difíciles de olvidar: músicos, escritores, fotógrafos, diseñadores y cualquier erudito de las artes que complica los escenarios de tranquilidad por los que suelo pasearme.

En estos días conversaba con una amiga sobre el tema. Le decía que estaba harta de los toderos artísticos. Ella me contaba que había salido con alguien "normal" (un contador) y que, a decir verdad, era aburrídisimo.

No sé hasta que punto estoy programada para servir de imán a los Diego Rivera que habitan la tierra en pleno siglo XXI. De lo que estoy convencida es de mi necesidad de cambio, porque es evidente que reflejo patrones que endulzan a gente caótica, aunque yo no sea tan dulce ni ellos tan santos.

Con qué tersa dulzura me levanta del lecho en que soñaba profundas plantaciones perfumadas.

Julio Cortázar.